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Mauricio Macri junto a una niña pobre de Soldati
durante una campaña para las elecciones del 2007. |
Siempre existen las sospechas sobre cuestiones como estas: se necesita realizar determinada acción, pero el coste político que se pagaría por hacerla es muy alto, entonces, se monta un operativo encubierto para que la decisión sea avalada. Algo como esto fue lo que sucedió en Soldati, se incentivó a la ocupación a personas con reales necesidades para posteriormente iniciar un operativo de desalojo. Lo extraño del caso es que la operación haya quedado tan al descubierto tomando revelando las relaciones de los barrabravas con miembros del poder político. No sé a qué se debe, tal vez sea a un cinismo propio de algunos dirigentes que no tienen inconvenientes en demostrar su xenofobia y incapacidad para resolver conflictos ante la sociedad; tal vez sea por la poca capacidad política para ocultar bajo artificios las verdaderas intenciones.
El vínculo que existen entre el Gobierno de la Ciudad y los sujetos que alentaron la toma como con los barras armados que dispararon contra la sociedad civil, revela no sólo un entramado de relaciones políticas de conveniencias sumamente asqueroso, sino, también, la metodología que algunos gobernantes prefieren a la hora de resolver conflictos, es decir, la tendencia al crimen mafioso y a la xenofobia como argumento falas de los avatares sociales con el fin de esconder infantilmente las negligencias propias.